Por qué «SANA» de Omayra Font es el libro que toda mujer debe leer

Por qué "SANA" de Omayra Font es el libro que toda mujer debe leer

Leer el libro SANA de Omayra Font es una experiencia transformadora porque nos confronta con una realidad que muchas evadimos. Seguro te ha pasado: te prometes que esta vez será diferente, que no vas a dejar que ese comentario te afecte o que no volverás a caer en los mismos patrones, pero cuando te das cuenta, ya estás ahí otra vez. Es como vivir en un círculo del que no puedes salir si no sanas desde la raíz.

Seguro te ha pasado: te prometes que esta vez será diferente. Que no vas a dejar que ese comentario te afecte, que no vas a elegir a ese mismo tipo de personas o que no vas a reaccionar con esos gritos que luego te dan tanta culpa. Pero, cuando te das cuenta, ya estás ahí otra vez. Es como si vivieras en un círculo del que no puedes salir.

A mí me encanta leer, siempre tengo un libro a mano porque siento que en ellos Dios nos habla de formas inesperadas. Y hace poco me encontré con algo en este libro Sana, que me dejó pensando mucho. El título ya te dice todo, ¿verdad? Pero tiene una frase que es la que me voló la cabeza: 

“Lo que no sanas, se repite”.

Hoy quiero que hablemos de esto, entre amigas que saben lo que es llevar el peso del día a día, pero que también saben que Dios tiene algo mejor para nosotras.

Las lecciones de «SANA» de Omayra Font sobre las grietas del alma

En su primer capítulo, Font utiliza una metáfora poderosa: una casa que, a pesar de estar bellamente decorada, presenta grietas recurrentes y una ligera inclinación.

Imagínate que tienes una casa preciosa. La pintas de colores lindos, le pones cortinas nuevas, plantas flores en la entrada. Pero, al poco tiempo, aparece una grieta en la pared de la sala. La tapas con un cuadro, pero la grieta vuelve. La rellenas con cemento y vuelves a pintar, pero ahí está de nuevo.

El problema no es la pintura ni el cuadro. El problema es que el suelo debajo de la casa está un poquito inclinado. Si los cimientos están mal, no importa cuántas capas de pintura pongas por fuera; la grieta va a volver.

A nosotras nos pasa igual. A veces nos esforzamos por «portarnos bien», por ir a la iglesia, por leer la Biblia o por ser la mamá perfecta. Pero si por dentro hay una herida que no hemos dejado que Dios toque, nuestra vida va a seguir mostrando esas «grietas» en forma de ansiedad, de enojos que no entendemos o de una tristeza que no se va con nada.

Heridas que no recordamos, pero que el cuerpo sí

Omayra Font explica algo que me pareció fascinante y muy real. ¿Sabías que muchas de nuestras inseguridades vienen de cuando éramos tan chiquitas que ni siquiera podíamos hablar?

A veces pensamos: «Yo no tuve traumas grandes, mis papás fueron buenos». Pero la sanidad interior no se trata solo de cosas horribles que nos pasaron, sino de cómo nos sentimos en momentos clave. A lo mejor, de bebé, lloraste y nadie vino por un rato largo, y tu corazoncito aprendió que «estás sola». O tal vez escuchaste discusiones en la cocina y creciste pensando que el amor es conflicto.

La ciencia moderna nos habla de la plasticidad cerebral y de cómo el cuerpo lleva la cuenta (The Body Keeps the Score), pero Font eleva esta conversación al plano teológico.

La Biblia dice algo hermoso en el Salmo 139. Dice que Dios nos «tejió» en el vientre de nuestra madre y que sus ojos vieron nuestro «embrión». Esto significa que Dios estuvo ahí desde el segundo uno. Él sabe qué hilos de ese tejido se soltaron o se enredaron antes de que tú tuvieras memoria.

Lo que no sanamos de esas etapas tempranas se queda guardado en el cuerpo. Por eso, a veces, ante un problema pequeño, nuestro corazón late a mil o sentimos un nudo en la garganta que no podemos explicar. No estás loca, amiga. Simplemente es tu historia tratando de decirte: «Necesito que me sanes aquí abajo, en la raíz».

Deja de culparte por «no tener suficiente fe»

He visto a muchas mujeres sufrir pensando que, si tuvieran más fe, ya no se sentirían así. Pero la fe no es una varita mágica que borra el pasado; la fe es la mano que nos sostiene mientras nosotras, con la ayuda de Dios, bajamos al sótano de nuestra vida a limpiar lo que está sucio.

Sanar no es un acto de rebeldía contra Dios, ¡al contrario! Es confiar tanto en Él que nos atrevemos a mostrarle nuestras partes más feas y rotas. Omayra lo dice muy claro: Dios no se asusta de tus heridas. Él no te juzga por estar herida; Él se acerca para restaurarte.

¿Cómo empezar a romper el ciclo para ser SANA?

Si sientes que estás cansada de repetir las mismas historias, aquí te dejo tres pasos sencillos que podemos empezar a dar hoy mismo:

  1. Observa tus patrones sin juzgarte. La próxima vez que te sientas muy mal por algo, en lugar de decirte «qué tonta soy», pregúntate: «¿A qué me recuerda esto? ¿Cuándo fue la primera vez que me sentí así?». Identificar el patrón es el primer paso para romperlo.
  2. Habla con Dios de lo que te duele, no de lo que «deberías» sentir. A veces nuestras oraciones son muy formales. Prueba decirle: «Señor, me siento rechazada y no sé por qué. Sáname desde la raíz, ahí donde yo no llego».
  3. Busca ayuda que te edifique. Libros como el de Omayra Font son herramientas maravillosas. A veces necesitamos que alguien que ya recorrió el camino nos diga por dónde caminar. No tienes que hacerlo sola.

Construir sobre roca, no sobre arena

Jesús hablaba de construir la casa sobre la roca. Y para nosotras, esa roca es una identidad sana en Él. Una mujer que ha sanado su interior es una mujer que no se derrumba cuando vienen las tormentas de la vida, porque sabe quién es y sabe que su pasado ya no tiene poder sobre su presente.

No te conformes con ponerle un cuadro a la grieta. Deja que el Maestro Arquitecto trabaje en tus cimientos.

Te aseguro que el resultado será una vida mucho más libre, tranquila y llena de esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

Tu historia no ha terminado, y lo mejor de tu vida comienza cuando decides que ya no vas a repetir lo que te hace daño.

SANA el nuevo libro de Omayra Font

Para quienes amamos los libros que nos desafían, SANA es una delicia porque no rehúye la complejidad. La autora integra conceptos de neurociencia para explicar por qué el cerebro busca la familiaridad del dolor por encima de la incertidumbre de la sanidad. Sanar es incómodo. Es una cirugía del alma que requiere una honestidad brutal.

Omayra Font escribe desde una autoridad que no nace del estrado, sino de la cicatriz. Al compartir sus propias vulnerabilidades, rompe el pedestal de la «mujer perfecta» para ofrecerse como una compañera de viaje. Esa es la verdadera sanidad interior: reconocer que nuestra autoridad espiritual no proviene de la apariencia de santidad, sino de la profundidad de nuestra restauración.

Si buscas un libro que simplemente te haga sentir bien durante diez minutos, este no es para ti. Pero si eres de las que, como yo, busca la verdad en las profundidades; si valoras la intersección entre la fe inquebrantable y la psicología honesta; si estás cansada de repetir los mismos errores y estás lista para que tus cimientos sean reconstruidos por el Maestro Arquitecto, entonces tienes que leer a Omayra Font.

Este libro es una guía para la mujer que sabe que su valor no está en lo que hace, sino en quién es. Y quién eres solo puede brillar plenamente cuando has permitido que el dolor del pasado se convierta en la sabiduría del presente.

Lectura del primer capítulo de SANA con Omayra Font

Si te apasiona descubrir libros que cambian vidas tanto como a mí, no te puedes perder 10 Libros que toda mujer cristiana debe leer. Es el complemento perfecto para seguir trabajando en tu mejor versión.

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