¿Cómo elegir a la persona correcta?
Elegir mal puede doler más de lo que imaginamos. Porque no solo se rompe una relación, se desacomoda el alma. Se fragmenta la confianza, se sacude la fe, y a veces, se tambalea hasta nuestra identidad. Por eso, después de entregarle tu vida a Jesús, pocas decisiones son tan determinantes como elegir con quién caminarás el resto de tus días.
¿Estás buscando cómo elegir a la persona correcta para tu vida? En este artículo encontrarás señales claras para tomar una decisión sabia y evitar errores dolorosos en tus relaciones amorosas.
Porque no solo se rompe una relación, se desacomoda el alma. Se fragmenta la confianza, se sacude la fe, y a veces, se tambalea hasta nuestra identidad. Por eso, después de entregarle tu vida a Jesús, pocas decisiones son tan determinantes como elegir con quién caminarás el resto de tus días.
Y aunque el corazón tenga prisa, el alma necesita sabiduría.
Este texto no es una lista mágica ni una receta para encontrar pareja, sino una conversación honesta contigo, mujer que has esperado… y que no quieres conformarte.
¿Cómo saber si es la persona correcta?
Aquí te dejamos cuatro señales claras que vale la pena revisar antes de dar ese gran paso.
1. Ama a Dios más de lo que te ama a ti
Porque quien ama profundamente a Dios, sabrá cómo amarte bien. Busca un hombre que no solo “crea en Dios”, sino que tenga una relación viva con Él. Que ore, que sirva, que se rinda ante Jesús. No te conformes con alguien que te ama bonito pero te aleja del Señor.
2. Trata bien a todos, no solo a ti
Obsérvalo en la vida real: ¿cómo habla de su mamá? ¿Qué dice de sus ex? ¿Respeta a su jefe? Porque si hoy es cortés contigo pero grosero con los demás… solo es cuestión de tiempo para que cambie el tono también contigo.
3. Tiene dominio propio
No esperes que alguien que no sabe manejar su dinero, sus emociones o su tiempo, lo aprenda mágicamente al casarse. La disciplina y el carácter no nacen del romance, sino del compromiso personal. Si hoy no hay orden, mañana habrá caos.
4. Su actitud no apaga tu paz
Si es alguien que siempre se queja, critica, discute o encuentra problemas en todo… no lo ignores. El amor no todo lo puede si hay toxicidad emocional. Las banderas rojas no cambian de color con el tiempo, solo se vuelven más difíciles de ignorar.
¿Y si pruebo hasta encontrar? ¿Está mal salir con varios?
Mira, no está mal conocer personas. De hecho, es parte del proceso. Abrirte a nuevas conexiones, tener conversaciones con intención, dejar que otros te conozcan también… es natural. Lo importante no es evitar relaciones, sino cuidar cómo y con qué propósito las empiezas.
El problema aparece cuando usamos los vínculos como ensayo. Cuando alguien entra a tu vida solo para llenar un vacío, pasar el rato o confirmar si «sientes algo», sin pensar en lo que eso deja en su corazón. Ahí es cuando cruzamos esa línea delgada entre conocer y jugar con nuestras emociones.
Cada persona es un universo. Cada historia que inicias, aunque no termine en altar, deja huellas. Y también te deja huellas a ti. Por eso, antes de abrir tu corazón, pregúntate:
¿Estoy buscando conexión o solo distracción?
¿Estoy lista para discernir, o solo para idealizar?
El noviazgo, en su esencia, debería ser un camino hacia la decisión, no un juego sin consecuencias emocionales.
No se trata de encerrarte o esperar encerrada en una torre hasta que “el correcto” toque la puerta. Se trata de relacionarte desde un lugar de sanidad, con límites, con claridad. No desde la urgencia o la soledad, sino desde la plenitud de saber quién eres en Dios.
Tú vales demasiado como para ensayar con tu corazón. Y también los demás. Elige con intención, no por impulso.
¿Cómo evaluar si mi relación va por buen camino?
Hazte estas preguntas en silencio, sin filtros… y escucha tus respuestas:
- ¿Te acerca más a Dios o te ha enfriado espiritualmente?
- ¿Te inspira a servir más o ha apagado tu llamado?
- ¿Te saca lo mejor o te convierte en alguien que no reconoces?
Si al responder, sientes más dudas que paz… no lo ignores.
Si llevas tiempo soltera…
No estás olvidada, estás siendo preservada. No es castigo, es formación.
No estás incompleta, estás creciendo.
Y sobre todo: no estás sola.
Dios no se ha olvidado de tu corazón. Él sabe lo que has entregado, lo que has llorado, lo que has soltado. Y en el tiempo perfecto, lo que Él tiene para ti será bueno, completo… y en paz.
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Recuerda que en Entaconadas hablamos de lo que a veces no se dice, pero se siente.
Con Dios, sanar también es parte de amar.
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